Foto vía: arturohernandezalcazar.com/

Exposiciones artísticas confrontan ideas de movilidad

México y Alemania confrontan sus ideas de movilidad, reciclado, consumismo y capitalismo, desde la perspectiva de dos culturas diferentes.

Por Juan Carlos Machorro > @juanmachorro

Las mega-ciudades de hoy en día enfrentan grandes desafíos ecológicos, desde la gestión del agua hasta los ciclos de reciclaje. Estos desafíos son el punto de partida para el trabajo artístico de dos expositores que, dentro del marco del Año Dual Alemania – México, confrontan sus ideas de movilidad, reciclado, consumismo y capitalismo, desde la perspectiva de dos culturas diferentes.

Las exposiciones “El esqueleto mineral que nos permitirá aventajar a la evolución” del mexicano Arturo Hernández Alcázar, y “Crushed Autogeddon” de la alemana Folke Koggerling, son exhibidas (hasta el 28 de mayo) en el Museo Experimental El Eco, ubicado en la calle de Sullivan #43, col. San Rafael, en la zona centro de la Ciudad de México.

Lo anterior forma parte de Mexibility, Innovative perspectives on mobility in Mexico, un proyecto artístico de investigación, intervención y exposición acerca de la movilidad en la capital mexicana. La intervención Movilidad y Ecología de los dos artistas está co-curada por Paola Santoscoy, directora y curadora del Museo Experimental El Eco (UNAM).

Ambas exposiciones comparten aspectos en materia automotriz, tanto el impacto ecológico que tienen hasta las emisiones de gases contaminantes que generan.

En el caso de la exposición de Folke, se informó que su obra consta de una serie de mesas que muestran metales, borra, cableado, aceites, piezas, entre otros, que componen un automóvil que fue despedazado y mostrado en sus mínimas piezas cortadas o unidas por tuercas y tornillos. Este trabajo se ha elaborado una idea de una estética artística y arquitectónica de la resistencia; y su trabajo se desarrolla partir de recursos urbanos: cosas que han sido desechados como basura y objetos donados.

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“Crushed Autogeddon” también refleja las ideologías consumistas a partir de alternativas presentes en su trabajo desde hace varios años. Una de sus piezas emblemáticas en colaboración con Kaltwasser consistió en transformar a lo largo de tres meses un automóvil en dos bicicletas funcionales; y la pieza que realizó para el Eco fue la adquisición de un carro que se desmanteló abriendo la invitación a los transeúntes para unirse al desmembramiento del automotor. De esta manera la artista despliega una escultura sobria producto del esfuerzo físico capaz de contener un mapa de relaciones comerciales y políticas a nivel global.

La alemana dijo que le vino a la mente un paisaje de chatarra de las piezas del automóvil, y los olores a aceites y gasolina; aunado a cómo el fierro viejo regresa a circular en la sociedad, desde una obra de arte, o se vende como materiales de reciclado.

En el caso de la obra de Hernández Alcázar, su obra consta de la fundición que realizó de varios kilogramos de aluminio rescatado de tiraderos y, cuya forma fue arrojada al azar en el suelo creando formas caprichosas, adornada de piezas del propio metal que no se licuaron al 100% y que el artista indica: da una figura llamativa en el mar de metal.

Esta pieza que título “El esqueleto mineral”, indica que es tomada de El Peatón atropellador, de Alfred Jarry, que habla del peligro que los peatones representan para los propios conductores y velocípedos por igual. El líquido fue vertido en una cama de arena en el patio del museo, para segundos después adquirir una forma muy alejada de su original (piezas), lo que resultó en esculturas que crearon una alteración en los sistemas de circulación de mercancía y de poder.

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Detalló que sin ser experto en automóviles sino un peatón experto, este proyecto de movilidad le llamó la atención pues la historia del sector automotriz alemán fue un punto que le provocó inquietud; así como el papel de la BMW en la Segunda Guerra Mundial, siendo ahí que evocó este ejercicio que le provocó buscar aluminio en tiraderos y otras piezas para así establecer la fundición de 315 kilogramos de este metal; quedando un charco geografía de los restos de este elemento y así nació la obra.

Es una pieza que desmantela y desvía sacar de la economía al metal que no se reconoce y que se contrapone y cohesiona con las piezas de Folke. “Esta geografía fundida que es un proceso geológico acelerado. Esta suerte brinda un biopoder que va desde el control de las moléculas y del individuo”.

Esta es la forma y es un desmantelamiento de los modelos o parecidos de una escultura tradicional, es una perversión invertida de las formas y descriptiva en un materia que no quiere tener un parecido con nada, aún, así la gente al apreciarla ha dicho que parece un mapa”.

Añadió que es un peatón atropellador que camina todo el tiempo y eso, dijo, es es una vida muy salvaje que hasta con las cámaras que están en las calles es una ventaja, pero es complicado pues todo el día te pueden seguir por todos lados, pero al final, esta relación a pie con la ciudad, dice uno es sólo así como aprende la gente.

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