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El espacio público y el usuario infantil

Al hablar de planeación urbana y espacio público es importante pensar en las diferentes vivencias que una misma ciudad produce en sus variados tipos de usuarios.

Por Ana Karina Zatarain, Editora de Archdaily México > @karinaztn

 El urbanismo inclusivo es un tema amplio que se puede abordar desde distintas posturas: el género, la discapacidad y los medios de transporte son algunos ejemplos. Idealmente, la ciudad se debe diseñar tomando en consideración las situaciones particulares de quienes conforman un todo poblacional, para acomodar distintas experiencias dentro de un espacio compartido.

HABLEMOS EN TÉRMINOS MÁS ESPECÍFICOS

Cuando se diseñan proyectos urbanos ¿qué importancia se le da a la experiencia de los niños y niñas que utilizarán el espacio público? Suele suceder que este último concepto, pensado para ellos, comienza y termina en parques con juegos infantiles; los demás territorios que finalmente sí son utilizados por este segmento de la población no se diseñan con un lugar especial para ellos en mente.

El urbanismo inclusivo pretende empoderar a los marginados –aquellos que han sido excluidos de los roles activos en una sociedad–, dándoles importancia primero dentro del espacio público para que después este empoderamiento del usuario se refleje en la toma de un rol activo dentro de sus comunidades. Pensando en los niños y niñas como un sector de la población que actualmente ejerce un rol pasivo en sociedad, y en las ciudades como espacios que no permiten que ejerzan autonomía, nos topamos con un problema a futuro: la ciudad que hoy impide la participación ciudadana infantil, crea adultos que no saben ser agentes de transformación social.

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CAMBIOS

Habrá que comenzar a modificar nuestra postura acerca del rol de los niños y niñas en el espacio público y dentro de la participación ciudadana, optimizando recursos y creando lugares en los que no sólo se reúnan a jugar con vigilancia adulta, sino a llevar a cabo nuevas actividades en donde la presencia de adultos sirva como una mediación, no una autoridad. Por ejemplo, en Barcelona, el proyecto “La Pelle de la Ciutat” busca hacer justamente esto, al involucrar a la población infantil de escuelas locales en un ‘modelo participativo que quiere contribuir al análisis, reflexión y transformación del espacio público y la ciudad con la implicación de las personas que lo habitan’.

Entre los beneficiarios de su proyecto nombran principalmente a los niños y jóvenes que tendrán la oportunidad de opinar y ser escuchados, pero también a otros agentes, como las familias, los vecinos, los comerciantes y los peatones. Incluir a un nuevo colectivo social en la toma de decisiones comunitarias resulta enriquecedor para todos los involucrados, ya que se colocan nuevas perspectivas sobre la mesa que pueden ofrecer propuestas para el avance del bien común. La ciudad gestionada de una manera colectiva posibilita la apropiación del espacio por todos –no sólo por los más privilegiados– acercándonos así a la idea idílica que persigue el urbanismo de una ciudad incluyente.

PARA PENSAR

La ciudad gestionada de una manera colectiva posibilita la apropiación del espacio por todos.

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