Luis Barragán, el único mexicano que se le ha otorgado el Premio Pritzker

Luis Barragán, el único mexicano que se le ha otorgado el Premio Pritzker

  • La función de la arquitectura debe resolver el problema material sin olvidarse de las necesidades espirituales del hombre: Barragán
  • Si bien es cierto que estudió ingeniería civil, sus habilidades arquitectónicas fueron autodidactas

Luis Barragán (1902-1988) nació en Guadalajara, México. Después de graduarse en 1924, decidió convertirse en arquitecto. Se enseñó a sí mismo en parte al emprender una gran gira altamente personalizada de Europa y el norte de África.

Aunque profundamente conmovido por la Alhambra en Granada, y la arquitectura de barro del norte de África, asistió a las conferencias de Le Corbusier. Su etapa en Europa y en Marruecos despertó el interés por la arquitectura nativa del norte de África y el Mediterráneo, que relacionó con la construcción en su propio país.

A fines de la década de 1920, se une al movimiento de la Escuela Tapatía o la Escuela de Guadalajara, que propugnaba por una teoría de la arquitectura dedicada a la adhesión de las tradiciones regionales.

Estableció su despacho en Guadalajara de 1927 hasta 1936, cuando se trasladó a la Ciudad de México.

Su trabajo ha sido llamado minimalista, pero no obstante el color y la textura le otorgan un carácter casi mágico. Planos sencillos, paredes aplanadas, adobe, madera o incluso agua, son sus elementos compositivos.

Barragán se llamó a sí mismo un arquitecto de paisaje y, debido a su religiosidad, su trabajo ha sido descrito como místico y sereno.

Su capilla para las Sacramentarias Capuchinas es evidencia de ambas cualidades. Hombre generoso, Barragán pagó el trabajo adicional para darles a las monjas un diseño especial muy superior a lo que esperaban. El resultado fue un lugar sensual y espiritual influenciado por la Corte de los Arrayanes en la Alhambra.

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Debido a su interés en los caballos, diseñó muchos establos, fuentes y abrevaderos que manifiestan muchas de estas mismas cualidades.

Este espíritu está presente en todos los proyectos de Barragán posteriores a 1945: su propia casa y estudio (Tacubaya, 1947), la caballeriza de San Cristóbal (Los Clubes, 1968), la capilla de las Sacramentaciones Capuchinas del Purismo Corazón de María (1955). Incluso está presente en las Torres de Satélite (1957), una obra de arte pública en una escala urbana.

Barragán ha tenido una profunda influencia no solo en generaciones de arquitectos mexicanos, sino en muchos más en todo el mundo.

Dentro de esta atmósfera mística o vernácula subyace un espíritu moderno, que aplicaba a conciencia las reglas más estrictas de la geometría.

La arquitectura esencial de Barragán, en su fase madura posterior a 1945, es una marca particular de modernismo europeo influenciado por Mies y Le Corbusier, con un toque del norte de África, la Alhambra y los jardines soleados de Ferdinand Bac.

“Cualquier trabajo de arquitectura que no exprese serenidad es un error”, dijo Barragán, al aceptar el premio Pritzker de arquitectura en 1980. Luego recordó a su audiencia las otras palabras que deberían importar: “hechizos”, “mágicos”, “encantos”, “intimidad” y “asombro”. Es esencial, dijo, que los arquitectos “vean de tal manera que [su] visión no sea vencida por el análisis racional”.

 

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