Brent Toderian, el gurú del espacio público

Brent Toderian, el gurú del espacio público

El urbanista canadiense apuesta por sustituir los automóviles por ciudadanos de a pie.

Por Iván Valero > @ivanvalero_

Exdirector de planeación de Vancouver y actualmente al mando de la consultoría de Toderian Urban Works, Brent Toderian defiende la idea de espacio público como el lugar de confluencia de los ciudadanos y la movilidad como el mecanismo de acceso igualitario a los bienes y servicios que provee una urbe.

Convencido de que construir más carreteras incentiva el uso del automóvil, el urbanista apuesta porque las ciudades se rediseñen en función a los peatones y los ciclistas y que la ocupación de las calleas por parte de éstos devuelva la seguridad pública a aquellos lugares que la han perdido.

Toderian, quien fue uno de los ponentes estrella del último World Urban Forum que organizó ONU-Habitat en Medellín, Colombia (2014), ha trabajado como asesor, precisamente en la capital de Antioquia y ha desarrollado trabajos en decenas de ciudades de todo el mundo, por lo que, con más de 24 años de experiencia, es todo un referente en la gestión de la ciudad y conoce muy bien las circunstancias y perspectivas de las ciudades de América Latina.

CM: El espacio público generalmente se asocia al peatón, pero casi todas las ciudades dedican la mayoría de éste a los vehículos y, además, la ciudadanía lo aplaude. ¿Es necesario un trabajo de concienciación en políticos y también en ciudadanos sobre qué es el espacio público y hacia dónde debería ir?

BT: Por supuesto, cuando se diseña para los coches, se obtienen más coches. Las personas que se benefician son los fabricantes de automóviles, no el público, porque sabemos que cuantas más carreteras se construyen, más coches se conducen y las carreteras se vuelven a llenar y nunca se llega a una solución. A esto se le llama tráfico inducido, tan pronto como se construyen las carreteras, se llenan, mientras que si se construye menos carreteras o si se quitan, la gente empezará a caminar y desplazarse en bicicleta o transporte público, opciones más saludables y que son más respetuosas del medio ambiente y económicamente exitosas. Así que sabemos que en todos los sentidos en los que se puede medir el éxito de las ciudades, el diseño para el coche lleva al fracaso.

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Cortar listones en proyectos de carreteras es muy popular entre los políticos, pero si se construyen carreteras, sólo se conseguirá más congestión. Hemos vivido décadas en las que se ha demostrado que no funciona, por lo que los políticos tienen que ser más responsables y menos superficiales, dejar de tener miedo a ser impopulares pero también dejar de ser perezosos, porque es más fácil intentar llevar a cabo un proyecto de una nueva carretera que tratar de entender de una manera más inteligente cómo construir la ciudad.

CM: En muchas ciudades de América Latina se extiende una fuerte sensación de inseguridad en el espacio público que deriva en una bunkerización de los edificios y en la presencia de cuerpos policiales en las calles. ¿Es la solución para combatir la inseguridad?

BT: Sabemos que cuantas más personas se encuentran en lugares públicos, más seguro será el lugar. Cuando se diseña para los coches, el espacio se vuelve inseguro para la gente, así que la gente no va, e irónicamente hace que sea más inseguro, por lo que se convierte en una profecía autocumplida. En cambio, cuando se diseña para la gente, las personas usan el espacio y contribuyen a la seguridad del lugar. El gran ejemplo de esto es mi trabajo en Medellín, que fue la capital mundial del crimen hasta la década de 1990 y los espacios públicos y calles eran muy inseguras. Los ciudadanos habían renunciado a la ciudad y renunciado a la vida pública de la ciudad. Con la transformación, los ciudadanos han vuelto a apropiarse de la ciudad y se ha disipado la inseguridad.

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Esto demuestra que se puede hacer, pero se necesita una conciencia colectiva y una poderosa voluntad que no se limita a políticos y a los líderes, sino de la gente, para recuperar un sentido de propiedad de su ciudad, del espacio público y la vida pública. Si Medellín puede hacerlo, cualquier ciudad puede hacerlo también, pero es imprescindible darse cuenta de que lo más seguro para la ciudad es el fortalecimiento de la vida pública.

Lo más peligroso para los ciudadanos de una ciudad es ocultarse en sus coches porque la realidad es que no están más seguros, están muriendo en accidentes de tránsito, a causa de la contaminación y las enfermedades. Irónicamente esto está haciendo a todo el mundo menos seguro, así que creo que tenemos que cambiar nuestra percepción de la seguridad en la ciudad.

CM: Todo esto es muy evidente una vez que se han aplicado estas medidas, pero ¿cómo se hace para convencer a la gente que no conoce la transformación de Medellín de que estas medidas van a favor de su seguridad y no en contra?

BT: Tenemos que contar constantemente a los ciudadanos la historia de la vida pública de su ciudad, porque si la gente no la conoce, asumen lo peor y si no han experimentado la ciudad, pueden tener miedo de ella, así que creo que es importante hablar sobre el éxito de las ciudades, como Medellín y utilizarlas como inspiración de cómo cada ciudad puede ser mejor. Sin esto, la gente puede tener miedo y acaban escondidos en su coche y acaban siendo más más vulnerables, menos seguros.

Esta es la gran ironía, hay más muertes en accidentes automovilísticos o a causa de la contaminación en las ciudades que a causa de cualquier ataque. Cuanto más conducimos en nuestra ciudad, menos seguro estamos todos. Cuanto más caminamos, cuanto más disfrutamos nuestra vida pública, más segura se hace la ciudad para todos, y más estamos mejorando nuestra calidad de vida. Tenemos que hacer un mejor trabajo en conseguir que la información llegue a la opinión pública a través de buenos argumentos y buenos datos, la combinación de ambos cuenta una historia muy convincente de una ciudad inteligente.

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CM: ¿Qué papel tiene el espacio público en el derecho a la ciudad?

BT: El espacio público es donde se puede experimentar la vida pública y la movilidad es la forma de obtener acceso a todas las cosas que ofrece una ciudad sin la necesidad de poseer un coche, porque aunque las ciudades son cada vez más ricas, siempre habrá personas que no puedan o no quieran conducir, y merecen tener el mismo acceso a todo lo que la ciudad puede ofrecer.

Cuando se crean espacios públicos seguros y dinámicos, y sus calles, aceras y líneas de bicicleta o el transporte público también lo son, se está apoyando la igualdad de todos los ciudadanos, dándoles la misma oportunidad de beneficiarse de la ciudad. Creo que es un derecho que todo el mundo en la ciudad merece. Generalmente hemos estado diseñando nuestras ciudades mal, de manera que se beneficia a unos y se perjudica a otros. Es fundamental fijar una filosofía básica de la construcción de la equidad en una ciudad para poder mejorar el diseño de una vida pública y una movilidad adecuadas.

…Es imprescindible darse cuenta de que lo más seguro para la ciudad es el fortalecimiento de la vida pública.

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