La devaluación de lo máximo posible, el triunfo de lo mínimo suficiente

La devaluación de lo máximo posible, el triunfo de lo mínimo suficiente

Sergio Roldán Gutiérrez

sergio@sergioroldan.com / @SergioRoldanG

Un principio de buen gobierno es la planeación. Sin embargo, como todos los principios hoy en día, no es que se cumpla mucho que digamos, entre otras, porque cada gobernante quiere dejar su huella indeleblísima en la ciudad y la oportunidad histórica para hacerlo es justamente su periodo de gobierno.

Un principio de buen gobierno es la planeación, sin embargo, como todos los principios hoy en día, no es que se cumpla mucho que digamos, entre otras, porque cada gobernante quiere dejar su huella indeleblísima en la ciudad y la oportunidad histórica para hacerlo es justamente su periodo de gobierno. Pero este embeleco de tratar de prever no los siguientes dos o tres pasos, sino los 20 que vienen, como si se pudiera adivinar el futuro, ha metido a los municipios latinoamericanos en grandes líos, primero porque cada nuevo dirigente pierde tiempo valioso de su mandato tratando de desarmar lo que el anterior dejó y segundo porque la norma finamente se deshace como se hace, así que los veinte nudos que le pusieron a los grandes proyectos se pueden quitar y ya.

Fuimos formados para dar más, para ser los mejores, para sobresalir. Esa expectativa de hacer más de lo debido, trabajar más de la hora, es a lo que me referiré con el máximo posible (i). Hoy es diferente, porque el menor esfuerzo es la tendencia. La des-estimulación por el trabajo mal remunerado, por una sensación de desconfianza generalizada, sumada a una publicidad excesiva por cada cosa que se tenía que hacer y se hizo, nos pone en el escenario actual del mínimo suficiente (ii). Entonces se enfrentan dos grandes paradigmas en esta dinámica tan graciosa de tratar de planear; (i) la propuesta de un gran proyecto imponente, contundente, que hace que surja de nuevo la ciudad, (porque cada alcalde nuevo cree que antes de él, la ciudad era un potrero y después de él renace como el ave fénix) que genera la expectativa de estar al frente de un proyecto que desarrollará lo máximo posible, enfrentado a la realidad que muestra que por los múltiples y sucesivos triples saltos mortales de espalda sin malla abajo que hay que dar para cumplir con un sin número de requisitos absurdos, con muchísima dificultad se logra hacer lo mínimo suficiente.

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Resulta que por estar ocupados cumpliendo la norma, no se pueden atender las necesidades de las ciudades hoy en América Latina, cumplir la norma no soluciona los problemas urbanos. La informalidad se volvió absolutamente eficiente frente a un escaparate legal que cada vez más complica lo simple en un océano de formalismos. Obviamente no es una invitación a alejarse de la norma, (no faltará el purista que me juzgue por este artículo) simplemente es un llamado al sentido común, no se puede matricular un plan de gobierno como si se supiera que hacer, ningún dirigente sin un día de ejercicio sabe qué hacer, y luego no se puede decir que NO está en el presupuesto lo que NO se matriculó en ese plan, porque lo normal es que después de unos días de trabajo, se entiende que lo que se debió haber proyectado era otra cosa muy distinta a la que se escribió al principio, porque era otra la necesidad de la ciudad vs lo que pensaba el equipo de gobierno que era necesario.

En la confrontación de la ciudad en la que el alcalde que llega quiere vivir, que usualmente es algo parecido a Zürich y lo que tiene en sus manos, que es la vida real, se entiende que una cosa es lo esencial, lo absolutamente necesario, que es lo que no está resuelto acá y otra muy diferente es lo que accesorio, que en este caso es hacerle mantenimiento a los edificios y a las calles, que es lo que se ve, por lo que crucifican a un gobernante, pero como no estamos en el primer mundo, entonces hay que decidir entre alimentarnos, tener agua potable, un sistema de salud y de educación, que no se ve nada de lo que se haga en esas carteras y la inversión en infraestructura. Obviamente gana la segunda, gana el absurdo, el show, lo que se vea, así el asunto del agua potable no esté resuelto.

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Las ciudades en América Latina, como pobres vergonzantes queriendo aparentar ante el mundo algún tipo de desarrollo, mostrando sus edificios retorcidos hechos de azúcar que con la primera lluvia se deshacen. En Medellín hicimos la Biblioteca España, en el sector más deprimido de la ciudad, un símbolo de arquitectura para el mundo, el ícono de un tal urbanismo social. Hoy no existe. Se cayó, porque la gente la usó y el terreno se asentó, porque es el trópico y llueve y escampa tres veces al día, en fin, porque no se sustenta una teoría en un edificio, porque lo único que NO se cae es lo que se mete en los cerebros, lo que me cambia la vida desde adentro. Una vergüenza para la ciudad más innovadora del mundo, una lección para estas latitudes.

No se presume a los cuatro vientos por un partido ganado, es la disciplina, el juego limpio, los valores deportivos transmitidos a lo largo de toda la carrera lo que queda. Por eso lo que implique un poco de esfuerzo para hacerse bien hecho, mejor se deja a los otros, porque seguramente otro lo hará, mientras que las opciones que inviten a hacer lo mínimo necesario, es lo que ocupa a estas administraciones politiqueras que solo quieren ganar adeptos y polarizar las ciudades en partidos de colores para que se odien entre sí y mientras tanto los estómagos llenos de bichos, los cerebros llenos de basura y los pies descalzos yendo a trabajar por un líder que es el que recibe los beneficios, es el que está bonito y gordito y reluciente mientras toda la ciudad se cansa de gritar arengas.

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Mientras los partidos políticos sean las nuevas sectas de hoy, que cada vez consiguen más adeptos y cada vez más rápido los pierden, (dependiendo del tamaño del emparedado que ofrezcan), entonces las promesas de una libertad económica que hacen las redes multinivel en las que todos creen fervorosos, los programas semi-escolarizados para ser profesional en un dos por tres pero sin saber nada, la gimnasia pasiva para estar esbelto y hermoso pero sin ningún esfuerzo entre otros tantos demonios que se alimentan de la ignorancia de la población, seguirán de moda indefinidamente.

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