Centros comerciales de la Ciudad de México: el ascenso de los negocios inmobiliarios orientados al consumo

Centros comerciales de la Ciudad de México: el ascenso de los negocios inmobiliarios orientados al consumo

Autor: José Gasca-Zamora

Introducción

La aparición de nuevas formas y medios de consumo en la sociedad contemporánea va redefiniendo nuestra relación no solo con los objetos que adquirimos, sino también con los lugares de que disponemos para acceder a los mismos. Bajo el advenimiento de lo que se ha denominado la sociedad de los consumidores y la difusión de una cultura de consumo de rasgos globales (Bauman, 2007), ingresamos a una etapa donde los espacios asumen nuevos significados, transformando con ello una parte sustantiva de las relaciones sociales y la vida cotidiana de las personas. La expansión de cadenas globales de empresas comerciales como supermercados, tiendas departamentales y especializadas, así como franquicias y otros esquemas de distribución, ha facilitado el posicionamiento de productos que se vuelven iconos mundiales. Para ello se han implementado modelos de circulación de mercancías a gran escala a través de equipamientos físicos y mediante soportes virtuales, entre estos los sistemas de crédito y las transacciones vía internet (Ritzer, 2006). Ello ocurre en un contexto donde los consumidores se vuelven dominantes y los productores tienen que adaptarse a ellos; donde las mercancías adquieren una fuerte carga simbólica y devienen efímeras, y donde el consumo se hace menos funcional y más estético (Lash & Urry, 1998). En este contexto los centros comerciales (CC) adquieren una mayor presencia, pues constituyen dispositivos para acelerar y maximizar la distribución de bienes, integran vehículos para canalizar las preferencias volátiles de consumo y se convierten en escenarios donde se reinventan permanentemente los productos y actividades de ocio y entretenimiento.

Los CC se distinguen por sus edificaciones construidas sobre grandes superficies donde se incorporan empresas minoristas que ofertan mercancías y servicios básicos y especializados,2 lo que permite el desarrollo de conjuntos multifuncionales donde se lleva a cabo un flujo diversificado, integrado y continuo de consumo. Se tienen registros de que el primer CC bajo techo apareció en 1956 en Minnesota, Estados Unidos de América (EUA); desde entonces han sido adoptados como parte de la cultura del consumo contemporáneo, incrustándose en la trama urbana de un gran número de metrópolis y grandes ciudades alrededor del mundo, con diferentes ritmos e intensidades.


3 En América Latina, Brasil y México atestiguaron su nacimiento durante la década de los sesenta, mientras que en otros países de la región la apertura de CC se reporta en los ochenta. En la Ciudad de México, durante sus primeras dos décadas tuvieron un moderado crecimiento y aparecieron como enclaves inusuales en el paisaje urbano. Sin embargo, desde mediados de la década

2 Otros términos utilizados para referirse a estos lugares son los de plaza comercial, conjunto comercial y complejo comercial, mientras que en la literatura anglófona se reconocen bajo conceptos como shopping centers o shopping malls. En este trabajo únicamente los denominaremos centros comerciales, considerando que no son equipamientos homogéneos y que presentan distintas modalidades, escalas y funciones.

3 Molinillo (2002) desarrolla un exhaustivo análisis de las múltiples formas que han adquirido las unidades y concentraciones comerciales urbanas. Para el caso de los centros comerciales, considera que se distinguen por su carácter planificado, por estar construidos arquitectónicamente bajo una forma unificada, generalmente bajo techo, y con su operación integrada por una gerencia única de los noventa han registrado un acelerado crecimiento y amplia dispersión en el tejido urbano, configurando un fenómeno de dimensiones metropolitanas.

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En este trabajo se explican desde tres vertientes los factores que impulsaron el crecimiento y la difusión espacial de los CC en la Zona Metropolitana del Valle de México (ZMVM):4 primero, como parte de la expansión de capital inmobiliario de la ciudad; segundo, resultado de nuevas escalas y formas de consumo promovidas por corporativos locales y globales de distribución minorista finalmente, como dispositivos que articulan nuevas formas de producción y reestructuración del espacio urbano. El artículo se organiza en tres apartados. En el primero se consideran referentes del estado del conocimiento respecto de los CC y su participación en el contexto latinoamericano. En el segundo se analiza la contribución de los actores asociados a la edificación y operación de los CC. En el tercero se explica su proceso de crecimiento y difusión espacial y se analizan algunos cambios que promueven en el espacio urbano.

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Estado del conocimiento

Los CC han sido analizados con diferentes enfoques. Uno de ellos destaca su papel en los procesos de consumo partiendo del análisis de los sistemas de significados y representaciones sociales. Así, por ejemplo, Escudero (2008) considera que los CC recrean ambientes a través de elementos visuales e iconográficos para persuadir los deseos de consumir. Para el autor, tales representaciones dan lugar a una diversidad de productos, usos y readaptaciones de los espacios donde tienen lugar, en los cuales confluyen gustos, prácticas y eventos que los llevan a erigirse como lugares emblemáticos de la posmodernidad. En México, autores como Caprón y Sabatier (2007), Cornejo (2007), López (1999), Monnet (1996), entre otros, han incursionado en una línea similar al reconocer cómo los CC favorecen formas emergentes de sociabilidad, al igual que lugares que suscitan percepciones e imaginarios para dotar de nuevos sentidos a los usos del espacio y el tiempo. Una lectura alternativa da cuenta de cómo los CC refuerzan la segregación urbana, proceso derivado de la edificación de recintos fortificados, la formación de enclaves de consumo y la sustitución de espacios públicos (López, 2006; Medina, 1998; Salcedo-Hansen, 2003).

Estas perspectivas críticas de la cultura contemporánea del consumo resultan atractivas. Sin embargo, este trabajo explora una veta distinta. Se trata de analizar el papel de las empresas del sector inmobiliario y comercial, agentes clave en la edificación de estos equipamientos, y el ascenso de nuevas formas y escalas en la distribución y el consumo. Interesa conocer cómo los CC contribuyen a movilizar grandes flujos de capital y su papel en la producción y reestructuración espacial urbana. Esta perspectiva, si bien no es del todo nueva, en México ha recibido poca atención. Así, Valenzuela (2013) sitúa el CC como parte de los grandes proyectos corporativos articulados al capital global, como en el caso paradigmático del complejo de Santa Fe en la Ciudad de México. Por su parte, Vázquez (2007) arriba a resultados similares a partir del caso Angelópolis en el estado de Puebla. Un trabajo relevante es desarrollado por Padilla, Márquez, Carreón y Fonseca (2008), que al analizar el proceso de expansión de CC en la Ciudad de México destacan, entre otros aspectos, su contribución a la consolidación de áreas de actividad terciaria. En un sentido similar, Paquette (2007) enfatiza cómo los CC han favorecido en la Ciudad de México la emergencia y consolidación de subcentros, resaltando su papel estructurador y regenerador del tejido urbano.


4 La ZMVM integra el territorio que corresponde a la demarcación histórica del Distrito Federal, capital del país, que recientemente cambió su denominación a Ciudad de México (CDMX). A dicha demarcación se encuentran vinculados física y funcionalmente 16 delegaciones de la CDMX, 59 municipios del estado de México y uno de Hidalgo. En este trabajo se utiliza indistintamente Ciudad de México y ZMVM. De acuerdo con los datos del Catálogo del Sistema Urbano Nacional, esta metrópoli registró una población de 20,2 millones de habitantes. Véase Consejo Nacional de Población (Conapo)-Secretaría de Desarrollo Social (Sedesol)-Secretaría de Gobernación (Segob), Catálogo Sistema Urbano Nacional 2012 (en línea), CONAPO.

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En América Latina, la literatura sobre el tema ha documentado distintos procesos inducidos por los CC en la escala nacional e intraurbana. Pintaudi y Frúgol (1992) indagan en Brasil las condicionantes socioeconómicas del surgimiento de CC y sus estrategias de localización en distintas ciudades; lo hacen especialmente a partir de su auge, registrado durante la década de los ochenta, asociado a las estrategias del capital financiero-inmobiliario, la dinámica de grandes mercados de consumidores y la emergencia de segmentos de alto poder adquisitivo concentrados en las        principales metrópolis de dicho país. En un sentido similar, Amaya (2009) analiza el rol de los CC en las principales aglomeraciones urbanas de Venezuela, destacando la tendencia hacia su concentración en las ciudades de mayor jerarquía y su propensión a localizarse en las áreas de sectores socioeconómicos de ingresos medios y altos, siguiendo el proceso de fragmentación social de las ciudades estudiadas.

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En Argentina, Vecslir y Cicolella (2011) analizan los CC en la Región Metropolitana de Buenos Aires como parte del proceso de difusión territorial de las actividades terciarias en las dos últimas décadas y su relación con las diferentes modalidades de reestructuración de las centralidades y subcentralidades metropolitanas, destacando su integración en las tendencias de consolidación de morfologías y    localizaciones tradicionales y la red emergente de distritos terciarios. Estudios recientes en Chile, como el realizado por De Simone (2015), abordan el protagonismo que los malls han adquirido en el mercado de suelos y su importante rol en el proceso de construcción social y estructuración urbana. Considerando su evolución desde sus orígenes y los procesos de transformación y mutación que se registran actualmente en Santiago de Chile, la autora destaca cómo tales centros comerciales responden a una expresión física de la sensibilidad posmoderna, tanto en la configuración territorial de las periferias metropolitanas como en la privatización del espacio público. Otro trabajo destacable es el de Dávila (2016), quien, desde una perspectiva latinoamericana, analiza cómo el boom de los shopping malls en diferentes ciudades representa una de las claves para entender la revaloración del suelo urbano y el crecimiento urbano a partir de la conjugación de un nuevo régimen financiero y políticas urbanas neoliberales.

En este trabajo se considera que los CC forman parte de las actividades comerciales emergentes que se distribuyeron progresivamente hacia áreas suburbanas y periféricas de la ciudad, lo cual refleja el proceso de disociación que diferentes segmentos de la economía comenzaron a tener con respecto al sector tradicional de negocios, generalmente el centro histórico de las ciudades, donde se situó el núcleo más importante de actividad comercial.

En segundo lugar, se plantea que el fenómeno anterior está vinculado a la difusión urbana y el crecimiento de nuevas zonas sociorresidenciales de nivel medio que demandaron equipamientos para cubrir sus necesidades de bienes y servicios. Esto habría marcado una ruptura respecto a los segmentos precedentes del comercio popular, los cuales, en el caso de la Ciudad de México, hasta hace pocos años se ubicaban como los canales más representativos de la distribución de bienes. La transición progresiva de sistemas tradicionales a formatos empresariales de diversas escalas se observa en la amplia colonización que recientemente presentan hipermercados, clubes de precios, franquicias, almacenes especializados, tiendas de conveniencia, entre otros. Finalmente, se postula que la edificación de CC representa una de las modalidades más importantes de la financiarización de la edificación urbana a partir de su inserción en el mercado inmobiliario. Varias ciudades mexicanas registran desde los años noventa un auge sin precedentes en la captación de inversiones en conjuntos residenciales; también en edificios del sector corporativo y de oficinas, complejos de usos mixtos, distritos terciarios, hoteles y segundas residencias en zonas costeras y centros turísticos y, obviamente, en los destinados a megaproyectos comerciales.

Los CC son destino de cuantiosas inversiones privadas nacionales y globales atraídas por la revaloración del suelo urbano y las altas rentas que generan, fenómeno que se favorece en un contexto de políticas urbanas neoliberales que han impulsado acciones de promoción para atraer inversiones foráneas, y de nuevos códigos de desregulación, redensificación y recalificación del suelo orientadas a la renovación del ambiente construido, la revitalización urbana y la reactivación económica.

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Los CC mexicanos tienen actualmente una presencia sobresaliente en el contexto latinoamericano tanto en número como en superficie de venta. De acuerdo con   el International Council of Shopping Centers (ICSC, 2015), en el año 2014 México ocupó el primer lugar en América Latina, con 584 unidades; le siguen Brasil con 511, Colombia con 196 y Argentina con 114 (tabla 1). México también cuenta con más superficie rentable al sumar 16,2 millones de metros cuadrados; y después de Chile, tiene el ratio comercial urbano más alto en este segmento, equivalente a 16,9 metros cuadrados por cada 100 habitantes (ICSC, 2015). El crecimiento diferenciado de CC en algunos países representativos de América Latina sugiere una relación directa respecto a la población urbana absoluta y relativa de cada país. Sin embargo, el hecho de que México supere a Brasil en número de CC, y Chile a México en términos de ratio comercial, evidencia que se trata de un fenómeno más complejo. Existen indicios para pensar que la difusión del modelo de CC en esta escala estaría relacionada principalmente a la estructura del sistema urbano y la presencia de segmentos sociorresidenciales medios y altos en las ciudades.

Asimismo, se advierte que las metrópolis y grandes ciudades albergan el mayor número de CC y superficie rentable, fenómeno atribuible a la presencia de mercados más densos y zonas con sectores de mayor ingreso. Esto se observa en Brasil, Argentina, Chile, Venezuela y Perú, donde metrópolis como São Paulo, Buenos Aires, Santiago, Caracas y Lima han registrado mayor crecimiento del número de CC en comparación con otras ciudades en estos mismos países.

Esta idea también se confirma para México, donde a pesar de que se reconoce la presencia de 59 zonas metropolitanas, solo las tres más grandes (México, Guadalajara y Monterrey) concentran alrededor de 70% de los CC y de superficie rentable. La ZMVM constituye un caso excepcional, pues con poco más de 20 millones de habitantes alojaba a mediados del año 2016 más de 200 CC, equivalentes a casi una tercera parte del total nacional.

Tabla 1 Centros comerciales de países seleccionados en América Latina, 2014 y estimados al año 2025 

 

país

número de centros comerciales superficie de venta (millones de m2) ratio comercial urbano

(m2 por cada 100 hab.)

2014 2025 2014 2025 2014 2025
México 584 760 16,9 23,3 16,9 22,0
Brasil 511 700 13,5 22,8 7,8 12,0
Colombia 196 339 4,2 8,3 10,8 18,0
Argentina 114 178 2,1 4,3 5,4 10,0
Chile 79 320 3,5 6,5 22,2 22,0
Perú 71 90 9,2 3,8 9,2 25,0

ICSC (2015, 5)

FUENTE:

La versión original de este artículo “Centros comerciales de la Ciudad de México: el ascenso de los negocios inmobiliarios orientados al consumo”, de autoría de José Gasca-Zamora fue publicado en la revista EURE Vol.43, No.130, pp. 73-96 en septiembre de 2017.

De los cuales tenemos la autorización para la publicación de dicho artículo en la Revista City Manager.

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