People walking on a busy street in the city center

Caminar, el futuro de las ciudades

En las últimas décadas, las grandes ciudades se han transformado en espacios de concreto enfocados al principalmente a la movilización de automóviles; las autoridades comenzaron a invertir cada vez más en infraestructura para trnasporte motorizado y así fue como caminar o andar en bicicleta pasó a segundo plano. Eso ocasionó una limitación de espacios para las personas y una dependencia tan fuerte al vehículo que en tan sólo ocho años (de 2005 a 2013), la cantidad de autos particulares pasó de 3.5 miloones a 6.8 millones, según el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI).

Un claro ejemplo de lo anterior está plasmado en el Plan Integral de Movilidad (PIM) 2013-2018 de la Secretaría de Movilidad, el cual indica que en la Zona Metropolitana del Valle de México (ZMVM) el 85% del espacio vial es ocupado por vehículos utomotores particulares que sólo satisfacen el 30% de los viajes. Mientras que los más utilizados -transporte público, ciclistas y peatones- son quienes menos espacio ocupan, es decir, el 15 por ciento.

Ese creciente uso del automóvil también ocasionó que el resto de los usuarios ajenos al auto se convirtieran en los más perjudicados en cuanto a movilidad y seguridad, sin embargo ante la actual situación ambiental que se vive en el mundo y la moda sustentable, la Ciudad de México y otras urbes importantes del mundo han comenzado a realizar acciones para revertir los efectos del desarrollo urbano que se focalizó en los automotores y lograr que los espacios le pertenezcan nuevamente a la gente. Se trata del proceso mejor conocido como peatonalización.

Peatonalizar las calles

El término peatonalizar se refiere al hecho de restringir totalmente la circulación de automóviles en una zona determinada y permitir sólo la circulación de transeúntes o vehículos no motorizados. Eso requiere de adecuaciones integrales que beneficien y devuelvan a sus dueños legitimos (los ciudadanos) parte de los espacios que les fueron arrebatados por los vehículos.

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Los registros indican que en 1953 fue inaugurada la primer calle para peatones: Linjban, ubicada en la ciudad europea de Róterdam, Países Bajos; mientras que en la capital mexicana la primera calle peatonal fue Francisco I. Madero, que dio inicio al rescate del Centro Histórico en el 2010 y la peatonalización de calles aledañas como 16 de septiembre o 20 de noviembre.

El objetivo de peatonalizar las zonas es lograr que las personas se reapropien del espacio público y que los desplazamientos a pie o en bicicleta sean prioritarios frente al automóvil para poder consolidar el concepto de movilidad sustentable.

Beneficios

El aporte más conocido de la movilidad peatonal es la reducción de emisiones de gases contaminantes y es que cuando una zona es sólo transitada por peatones o vehículos no motorizados, no existe ningún impacto ambiental en comparación con los autos que producen toneladas de dióxido de carbono al año.

La contaminación acústica también es un problema que afecta el entorno urbano pues altera sus condiciones naturales; por eso los habitantes de calles peatonales viven en un ambiente más positivo y mejoran su calidad de vida.

EN materia de salud, las calles peatonales invitan a la gente a realizar actividad física a través del transporte activo para hacer frente a la epidemia de salud pública que enfrenta la entidad y el país: la obesidad y el sobrepeso. Según el PIM 2013-2018, en la ciudad siete de3 cada 10 adultos padece de estas condiciones al igual que el 35% de los menores de edad que podrían enfrentar en uin futuro enfermedades crónico-degenerativas-

Este tipo de calles desincentivan el uso del automóvil disminuyen la congestión vehicular y los accidentes de tránsito que, según cifras de la Organización Mundial de la Salud (OMS) ocasiona la muerte anual de 1.25 millones de personas en todo el mundo; mientras que en México hasta 16 mil 500 personas pierden la vida por estos incidentes que además, son la primer causa de muerte en niños entre los 5 y 14 años y la segunda entre jóvenes de 15 a 29 años de edad, según El Poder del Consumidor.

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La plusvalía de los inmuebles incrementa al mejorar considerablemente su imagen. De hecho, el propio PIM 2013-2018 indica que estas calles fungen como “el activo más valioso de cualquier ciudad”.

 

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