Los niños y su entorno

Los niños y su entorno

Los niños no pueden quedarse atrás en la transformación de las ciudades.

Por Oscar Rojas > @oskar_rojasv > Opinión personal

Las primeras experiencia de la infancia con su entorno se dan en sus barrios cuando van camino a  sus escuelas, parques, jardines, etc.; eso influye en su existir porque se van relacionando en su vida cotidiana.

La niñez experimenta cambios en su medio urbano cada vez con mayor frecuencia, tomando en cuenta que la mitad de la población mundial vive actualmente en grandes y pequeñas ciudades.

No obstante, para el año 2050 habrá una densidad del 65% de los habitantes viviendo en las urbes, de acuerdo a la Organización de las Naciones Unidas. Las ciudades generan empleo, inversión, riqueza; por lo tanto, se relacionan con el desarrollo económico. Los niños de las ciudades viven mejor que los niños de zonas rurales, todo esto gracias a la mejor calidad de salud, educación, protección y saneamiento que existe. Pero el progreso urbano ha sido desigual y millones de niños de vecindarios urbanos marginados enfrentan grandes dificultades y son un blanco vulnerable que no permite germinar en un adulto con oportunidades para ser insertado dentro de la sociedad misma.

El urbanista Kaid Benfield, especialista en medio ambiente y sustentabilidad, plantea que “los seres humanos tenemos la oportunidad y la obligación de hacer que nuestro hábitat funcione tanto para nosotros como para la salud sostenible del planeta”.

Entonces, el crecimiento inteligente, según Kaid; en el mundo de hoy, no debe ser considerado inteligente un crecimiento que no incluye edificios ni infraestructura verde, si no tiene respeto por nuestras construcciones históricas y la cultura local, si no fomenta la salud pública, si no es equitativa y si no presta más atención a la administración del suelo.

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El espacio público para los niños es de vital importancia para su desarrollo e interacción con el tejido social, en cual es concebido como parte de su aprendizaje y la convivencia con su entorno para construir significados que entienda a partir de los atributos físicos o materiales que comprenden su universo.

Las ciudades no son homogéneas; especialmente en las de rápido crecimiento de los países de bajos y medianos ingresos, donde residen millones de niños y niñas que enfrentan niveles de exclusión, prostitución, trabajos forzados y privación de su libertad, entre otros.

En principio, los programas de desarrollo basados en los derechos humanos deberían abordar, con carácter prioritario, las carencias que sufren los niños que residen en las zonas urbanas y rurales; las realidades son simplemente abismales. En la práctica y, sobre todo, ante la creencia equivocada de que los servicios están al alcance de todos los residentes de las ciudades; por lo cual se ha invertido menos en infraestructura y servicios para los habitantes de clase baja y de asentamientos urbanos provisionales, lo cual provoca la migración de personas en busca de una mejor vida para sus familias a las megalópolis.

Las ciudades ejercen una atracción mágica con sus luces y la promesa de un futuro mejor. La imaginación colectiva está plagada de imágenes de personas que se trasladan de los campos a las ciudades, y la migración sigue desempeñando un papel importante en muchas regiones del mundo.

La pobreza urbana es especialmente difícil para los niños y las niñas, con escaso control sobre su entorno o su nivel de bienestar. Para muchos resulta imposible asistir a la escuela, por ejemplo; porque se libra una guerra, que ni el mismo entiende, por lo cual ya no se lucha por tener un entorno digno, si no por sobrevivir junto a sus seres queridos.

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En las zonas urbanas pobres, las fallas en el desarrollo contribuyen a los desastres y, a su vez, los desastres anulan los logros relacionados con el desarrollo, profundizando la pobreza y ampliando aún más las brechas sociales que separan a los pobres de los ricos.

El derecho de los niños y niñas, plasmado en la Convención sobre los Derechos del Niño, consagra legalidad a principios básicos para la niñez como a tener un nombre, educación, servicios de salud, etc.; pero rara la vez se le toma en cuenta para la planificación y el diseño de las ciudades.

La toma de decisiones y la gestión urbana por parte de las autoridades y especialistas en relación a cuestiones como la seguridad vial, la utilización del suelo y la calidad del aire pueden tener efectos directos y adversos en las vidas de generaciones actuales y futuras de niños y niñas en el mundo.

Este artículo es de opinión personal, por lo que Revista City Manager no necesariamente comparte la visión del autor.

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